El pasado 21 de mayo el fotoperiodista Raúl Capín, fotógrafo freelance y colaborador habitual de Diario Independiente Digital y Mundo Obrero, fue detenido en su domicilio de Madrid. No fue el único ya que otro fotógrafo, Adolfo Luján también fue detenido en su casa. Los dos son informan habitualmente sobre manifestaciones, protestas y demas movilizaciones sociales para medios alternativos.
Según los mandos de la policía nacional Raul Capín atacó a un agente de las fuerzas de seguridad del Estado durante las manifestaciones del 23 de febrero y el 25 de abril. Luján, por su parte, usuario de Twitter con el seudónimo @Popicinio, ha sido detenido bajo la acusación de difundir calumnias sobre la policía a través de redes sociales..
Acusados por la prensa
A parte de la ya persecución de la policía a los que intentan informar sobre lo que ocurre en las protestas ciudadanas, los mismos medios de comunicación habían apuntado hacia Raúl Capíncomo supuesto provocador extremista infiltrado en las manifestaciones. El diario ABC a través de uno de sus cronistas de sucesos, Carlos Hidalgo, afirmaba que la Policía estaba investigando a "radicales de izquierdas" que "participan en manifestaciones y protestas callejeras escudándose tras falsas credenciales de periodistas". En la versión impresa, la noticia iba acompañada de tres fotografías de Raúl, con la cara pixelada, entre otros muchos fotoperiodistas a quienes no se había pixelado.
El Mundo y La Razón también apuntaron a estos fotógrafos en sus portadas. En la información que sacaban sobre el escrache de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en el domicilio del presidente del Congreso, Jesús Posada, mostraron distintas imágenes en las que se veía a Raúl Capín identificándolo como manifestante y no como periodista. Mundo Obrero denunció la manipulación en su día.
Juan Ramón Robles, periodista que ha ganado este año el premio Ortega y Gasset de periodismo que entrega el diario El País, realizó este vídeo sobre las intimidaciones a la prensa:
El propio Robles sufrió un ataque bochornoso durante el 25S donde los policías que habían entrado en Atocha para continuar con su actuación le retuvieron en una esquina de los andenes y le rompieron parte de su cámara de forma consciente y premeditada:
“Chaval, no es buen día para
llevar mochila” esta fue la explicación que, de forma jocosa y quitando algo de
tensión al asunto, me dio uno de los policías que cercaban el Congreso cuando me
dirigía Alcalá abajo a cubrir lo que ocurría en ese temido 25A. En realidad no
fue solo eso, además me dedicó un saludo castrense por repetición y un registro
a mi mochila “ilegal” corto pero exhaustivo, mi funda para el objetivo se
convirtió en un momento en una bolsita peligrosa.
Guillermo Cid Rodríguez/ 25A
Llegaba bastante tarde a la
Carrera de San Jerónimo, gracias a las nuevas plataformas de breaking news,
Twitter, iba conociendo minuto a minuto la situación en Asalta el Congreso,
nada mostraba una lucha campal ni mucho menos un acercamiento al objetivo de la
protesta precisamente decían lo contrario. Cuando llegaba a Sol no creía que
llegara ni siquiera a encontrar a algún manifestante con ganas de jarana todavía.
Sol estaba igual que siempre, con sus turistas, sus consumistas, sus artistas
y, como no, también con sus 6 lecheras guardando la Casa de Correos.
Guillermo Cid Rodríguez/ 25A
De ahí caminé hasta el Congreso, toda calle aledaña o cercana estaba cercada. Pregunto a los cuerpos de la UIP que
se agolpaban en cada bocacalle, ninguna oportunidad para cruzar la calle, la poca
ayuda que me daban era la de mandarme Atocha abajo, según los Cuerpos de
Seguridad del Estado la forma más rápida de llegar al otro lado. Desobedeciendo
enfilé la Calle de Alcalá dirección Cibeles y encontré más de lo que esperaba, creo que no
fui el único. Un grupo de fotógrafos, algunos aficionados, otros profesionales,
recorrían las calles buscando algo que llevarse al objetivo y en la Plaza de Cibeles
nos lo encontramos de frente. Tras el llamativo incidente con el UIP (Unidad de Intervención Policial) parecía que
la cosa estaba más que controlada, en realidad lo estaba, pero hacia buen
tiempo y la gente que había secundado la convocatoria de la Plataforma ¡En Pie!
asumió, casi mejor que los propios convocantes, que esta jornada no se podía
acabar con dos carreras mal dadas.
La gente que quedaba en aquella
calle Alcalá vacía de coches, la gran parte de los madrileños evitaba ese 25A acercarse
lo más mínimo al entrono del Parlamento, se agolpaba frente a unas unidades policiales
que se veían en clara superioridad y querían acabar con esto de la forma más rápida,
silenciosa y ordenada posible. No
esperaron mucho para volver a cargar buscando dispersar a en grupúsculos a los dubitativos manifestantes. El ánimo decaía y con un poco más de presión acabarían
una jornada que en poco o nada se pareció a lo que presuponían.
Guillermo Cid Rodríguez/ 25A
Pocos se enfrentaban de forma
directa a la policía, muy superior en todos los sentidos. Algunos se dispersaban
y buscaban la espalda los antidisturbios, otros, la mayoría, buscaba un lugar por
donde salir, o al menos por donde alejarse de la batalla. El metro era un
hervidero y la calle se convirtió en un peligro para viandantes que no eran
pocos, turistas, conductores, autobuses etc. La calle no estaba cortada y, aunque no había demasiado tráfico, la situación era bastante esperpéntica. La
imagen más paradójica, era la de un autobús descapotable lleno de turistas y los
manifestantes gritándoles, en un ingles bastante básico. “This is the Spanish
dictature” ellos miraban con una mezcla de extrañeza y diversión turística.
Guillermo Cid Rodríguez/25A
La policía iba embotellando a los
pocos que resistían a ambos lados de la avenida. Policías salían de cada
callejuela, repartiendo a diestro y siniestro con pocos miramientos. Los
negocios, acostumbrados, parece, a estos “actos”, cerraban con toda tranquilidad y algunos ni eso, solo esperaban a que eso como siempre
pasara, como si de una tormenta de primavera se tratara. Recogían terrazas salían
a ver como caía y miraban con
indiferencia a lo que ocurría.
Así encontramos a los
empleados del CBA (Círculo de Bellas Artes) bromean con la gente, con los fotógrafos
“desde la azotea se tienen que hacer unas fotos alucinantes”. Ellos por si
acaso cierran las puertas, más que nada para evitar que gente se refugie dentro
y se monte una escena que espante a la clientela que, como siempre en aquel
edificio, era bastante numerosa. No tenían ninguna prisa en cerrar y como vemos
en la foto casi posa para los fotógrafos mostrando que todo está controlado. Solo
es otra manifestación más. Poco después la cosa empeora y es que aparecen más
policías de cada calle aledaña y rodean a la gente que va quedando. Aún más
peligro, la gente cruza sin miramientos y acaban parando el tráfico ante la posibilidad
de atropellamiento. Son las 20:30, la situación se vuelve insostenible y el desánimo
cunde entre los pocos que aun buscan conseguir algo con la protesta.
La mayoría se va dirección
a Sol muchos con la cabeza gacha y otros con la idea de que esto solo ha sido
el principio de una primavera larga y quizá fructuosa para sus intereses.
Guillermo Cid Rodríguez/25A
Algunos quedan todavía en las
calles, son en su mayoría muy jóvenes con capuchas y bragas y sabiendo
perfectamente lo que hacen. Arrojan contenedores y los queman, van preparados
como avisaba ¡En Pie! Y tienen muy claro que de la calle los tienen que echar,
ellos no se irán. Estos chavales, la mayoría bien organizados, son en algunos
casos también un peligro para los fotógrafos, saben lo que les puede pasar y
gritan a los que buscamos informar para que desaparezcamos de allí o que solo
nos fijemos en los de enfrente. “No manipuléis, fotografiar a los de enfrente
que son los opresores”. La queja viene de un joven que vigila mientras dos
compañeros rompen un adoquín suelto de la calle para armarse.
Tras ellos otros jóvenes queman
un contenedor y lo arrojan al centro de la Gran Vía, junto al edificio de Metrópolis,
las UIP se dirigen directamente hacia allí y despejan la calle Alcalá. Los jóvenes, muchos vestidos de negro, desaparecen por callejuelas y la normalidad vuelve a la
zona.
A las 10 de la noche la
Plataforma ¡En Pie!, que al principio dijo que no pararía el 25A, desconvoca a
través de su cuenta de Twitter@ocupaelcongreso el acto y así se pone fin a un
25A con muchas lecturas.
1/1 #25A Debido a que no vemos fuerzas suficientes consideramos q no es prudente continuar la acción #25A.Si aún así hay gente q decide (sig
— ¡En Pie! - 25A (@ocupaelcongreso) 25 de abril de 2013
La marcha hacia la Puerta del Sol es un ejemplo
de esas múltiples visiones que tiene el día. Entre los manifestantes en su
mayoría aparece la decepción pero en parte también reina la tranquilidad la concentración no ha acabado como todos los medios apuntaban y eso muchos lo agradecen. A parte de estos, algunos, más que
decepcionados, están cabreados, como generales en guerra, intentan devolver a sus
soldados al frente con nulo éxito y sacian su cabreo con gritos hacia todo y todos que
se silencian con miradas de soslayo e indiferencia. Pero la lectura más clara y
aplastante es la que uno ve cuando llega a una Puerta del Sol llena de gente que pasea, compra
y vive totalmente al margen de lo que ocurre y sucede 500 metros más abajo,
burbuja social, cansancio, miedo, incredulidad, ignorancia, mentalidad española
o un poco de todo pero nadie ahí tenía el mínimo interés en saber lo que ocurría
El 25A deja claro que esta
sociedad, de momento, no esta preparada para algo como lo que se planteaba.
Los agentes antidisturbios de laUnidad de Intervención Policial (UIP) deberán llevar su número de identificación en la espalda y en grandes dimensiones. El número se adherirá al uniforme con un sistema de velcro y cuyas dimensiones harán más fácil su identificación, una de las exigencias más repetidas por los organizadores de las manifestaciones. El citado recuadro tiene aproximadamente un palmo de ancho y dos de largo. El número que llevarán a la espalda no se corresponderá con el de placa profesional y cambiará a diario, de tal manera que el agente no llevará nunca el mismo.
En la actualidad, los agentes de la Unidad de Intervención Policial lucen sus números de identificación en el pecho, también adherido con un velcro, pero en unas dimensiones difícilmente visibles más allá de la distancia de respeto (1,20 metros). Además cuando los antidisturbios se preparan para una intervención se equipan con los chalecos antitrauma, que al no ser individuales no llevaban ningún distintivo de identificación. El nuevo sistema que se situará en la espaldaprevé su incorporación a los chalecos.
Las dificultades actuales para esa identificaciónfueron motivo de protesta, especialmente desde los disturbios del 25-S. Estas reclamaciones fueron recogidas incluso por el Defensor del Pueblo.
No solo la Policía Nacional llevará estas identificaciones sino que, según parece, también la Guardia Civil estará obligada a atenerse a esta nueva medida, al igual que las policías locales y autonómicas. Este sistema de identificación en la espalda ya fue puesta en marcha por los efectivos de la Brigada Móvil (Brimo), los antidisturbios de los Mossos d'Esquadra, quienes lucen un código alfanumérico visible, también adherido con un velcro.
En países de nuestro entorno como Alemania esta forma de identificación lleva muchos años funcionando. Tras las quejas y protestas de incumplimiento de las leyes por parte de colectivos sociales, parece que esta medida también entrará en vigor en España aunque aun no se sabe cuando se pondrá en marcha.